Parece que el sátrapa no ha podido recuperarse de su juma con ocasión de la pérdida del poder. Sus trinos, cada vez más delirantes, indican que su situación personal es desesperada y que entró en un estado de descontrol absoluto que lo está haciendo cometer más torpezas de las habituales. La sola redacción de esas eternas odas va develando su alteración y desespero. Empieza con párrafos algo coherentes y legibles, y se va degradando en la escritura, ilación, contexto y texto. Seguramente empieza bajo el efecto de un sorbo de “café” y a medida que va consumiendo más y más “cafeína” se aumenta su desenfreno, hasta caer en un desequilibrio total. ¡Pobre personaje, el síndrome de abstinencia que sufrirá cuando vista su pijama naranja!

 

Porque la encrucijada en la que se encuentra este individuo es tremenda. Su vida ha transcurrido entre armas, violencia, delitos, revolución, desenfreno y caos. Y la ha fincado en la destrucción, odio, resentimiento, amenazas, coacción y desestabilización. ¡No sabe hacer más! ¡Es un hombre incapaz de vivir dentro de normas, leyes, organización y decencia! Y ahora, a pesar de haber acudido a todas las formas de lucha para perpetuarse en el poder, se ve en la obligación de entregárselo a alguien que ha sido su mayor karma y está dispuesto a someterlo a la justicia nacional y mundial, para que pague por sus desafueros.

 

¿Y qué hace entonces? ¡Lo que sabe! Incendiar y crispar los ánimos de esas huestes que sostuvo y alimentó durante cuatro años, con recursos públicos, para que salgan a las calles y destruyan lo que hallen a su paso. Pero tal vez el sátrapa, en medio de su afección mental, no se ha dado cuenta de que va caer en el contrasentido de que sus células violentas tratarán de destruir el país que, por obligación constitucional, él tiene que defender y proteger. Como seguramente tampoco se ha dado cuenta de que hay unas fuerzas militares y de policía a quienes sí les importa su Patria y van a hacerla respetar, porque su juramento está por encima de fidelidades hacia un orate excedido de café y soberbia.

 

Pero, supongamos que la fuerza pública se declara impotente ante la debilidad que le ha causado este gobierno, entonces tendríamos que acudir a la ayuda de fuerzas internacionales que entren a proteger la vida, honra y bienes de los ciudadanos, tras la violación de ese mandato por el propio presidente de Colombia. ¿Qué cree el sátrapa que pasará? Resultará allanándole el camino a la justicia internacional para adelantar la ejecución de sus procesos y terminar de una vez por todas con esta organización criminal que opera desde nuestro país.

 

Entonces esa amenaza petrista de revolucionar a Colombia el 20 de julio, como si no fuera gobierno sino oposición, va a terminar hundiéndolo y generando de paso una solución más rápida. ¡Cunde el pánico en el gobierno nacional y, todo parece indicar, será lo que lleve a concluir nuestra pesadilla!

Por EL EJE