Quienes conocemos a Ricardo Orrego, podemos hasta donde nuestra comprensión alcanza, decir que se trata de un periodista hecho a pulso, serio, responsable, muy profesional, inteligente, con un atributo esencial de su personalidad: Sencillez y don de gentes. Nos sorprendió la delación pública de unas periodistas que salieron en las redes a señalarlo de acosador sexual, al igual que Jorge Alfredo Vargas presentador del noticiero de Caracol tv, ambos, quedaron desparpajados ante la opinión publica nacional.
Y no es para menos. Meterlos en semejante furrusca como acosadores sexuales, los dejó mal parados y con la hoja de vida vuelta añicos. La vida publica del periodista está envuelta en hojas de parra, deja ver todo lo que está a su alrededor y en su interior también, y aún mas, cuando encumbra escalones que hacen más visible sus actos y comportamientos.
Vamos al asunto. La legislación Colombiana ha cambiado, los tiempos han cambiado, la mujer está en una posición prevalente, frente a conductas históricamente reprochables contra su integridad, formación y libertad sexual, las violencias contra ellas que eran paisaje todos los días, los estereotipos discriminatorios, los piropos de mal gusto que en antaño eran comunes, ya no lo son. A partir de la visibilización del caso Gina Potes, primera mujer afectada por un ataque con ácido, criminal y abominable, acaecido el 28 de octubre de 1996, la tesis jurídica de «protección reforzada» empezó a llenar de letras la nueva legislación penal sobre violencia de género, la jurisprudencia a desarrollar principios cuidadores de su integridad y las propias mujeres estimuladas a perder el miedo a denunciar, se ha ido avanzando sin pausa a fin de escoltar sus derechos y fundamentalmente a protegerla de los desmanes y agresiones masculinas.
Se ha llegado a tanto que cualquier piropo de mal gusto y libidinoso, se puede considerar un delito de acoso sexual. La sociedad patriarcal y machista fue la responsable que a través del tiempo se enseñorearan las conductas agresivas contra la mujer. El aparente poder dominante que el hombre ha ejercido se ha quedado atrás frente al nuevo quehacer de la sociedad y la justicia y el papel de guardian celoso frente a la afectación de su naturaleza.
Lo que ayer era una simpleza, hoy es amargo, cualquier frase, conducta, actitud o expresión proterva, es interpretada como un comportamiento doloso, así no provenga de una intención malsana o pervertida, destinado a provocar daño moral. Ahora la denuncia toca los medios, el acoso sexual ha sido una costumbre inveterada, no solo en las empresas de comunicación, también en muchas instituciones publicas y privadas dónde pulula el irrespeto y las conductas contrarias a la ética y el derecho, dónde se requiere mucha pedagogia sobre valores y un vasto conocimiento del amplísimo catálogo sobre violencia de género. Orrego y Vargas presuntamente cayeron en la trampa por varias razones: exceso de confianza o «confianzudos», con compañeras de trabajo, poder prevalente que le daban sus posiciones directivas dentro del noticiero.
Frases o dichos que traspasaban la confianza, expresiones inadecuadas por su posición laboral etc todo ello por la interacción constante en las relaciones laborales, sociales y personales, y que genera el atafago constante a lo que nos vemos sometidos en las relaciones intersubjetivas y comunicación continua. Fueron esos, a nuestro juicio, los comportamientos inadecuados de los periodistas presuntos implicados, y no es, y así estamos convencidos, que hayan aupado una conducta criminal encaminada a producir efectos nocivos o resultados penales en contra de las periodistas denunciantes. Tanto Ricardo como Jorge Alfredo con su actuar excesivamente confianzudo y sin control, caminaron por la corniza, sin que advirtieran el despeñadero frente a sus ojos. Son muchos los casos inmersos en expresiones que hilan el tejido, y forman el entramado que fabrican la tela. Veamos: Las charlas pesadas, los roses físicos, los llamados toques de mano o manoseos, frases libidinosas, caricias no consentidas, gestos obscenos, entre las más comunes. La protección reforzada en los delitos de violencia de género, puso al estado Colombiano a tomar medidas y hacer seguimiento en todos los procesos in situ, con la finalidad que ninguno quede impune y sobre todo, castigar a los responsables ejemplarmente.
Entre la amalgama de los delitos, existe una cuerda muy delgada de unos a otros, de los actos sexuales no consentidos (donde solo vasta un tocamiento) y el acoso sexual ( un gesto libidinoso) o injurias por vías de hecho (frases impudicas) hay la distancia que existe de la retina a la esclerosis, solo un criterio judicial de interpretación ajustada, resolvería la diferencia. Todos apuntan envueltos en un capullo, como el piélago al camino o como la luz encendida de un faro, a proteger la mujer contra la violencia de género. No sólo en los medios de comunicación, también en las esferas públicas y privadas, se debe concienciar al personal, con pedagogía de género, como se hace con el SGSST, sobre el buen trato, respeto, apoyo, promoción, solidaridad y afecto a la mujer empleada o trabajadora.
Tanto en el medio periodístico como en los sectores público y privado, las mujeres gozan de especial protección constitucional y legal, para que su intimidad, libertad, y formación sexual no se vean vulnerados, ni su integridad inmaculada, se exponga con actos violatorios de sus legítimos derechos.
PUNTO FINAL: Hechos como los denunciados por mujeres experiodistas del canal caracol, deben ser investigados meticulosamente. En el mundo de las especulaciones difundidas por los medios, donde prevalecen más la fábulas que los hechos reales, es menester esperar el resultado de las investigaciones. Los colegas involucrados gozan de la presunción de inocencia y tienen derecho a demostrar su inocencia. Como los hechos ocurrieron en un medio de amplia difusión y los periodistas de una imagen muy conocida en la opinión pública, concitaron la reacción en cadena, como la explosión de una bomba nuclear, que hizo cimbrar hasta la médula no solo los medios, también a la sociedad. Cómo me lo dijo el periodista Germán Ríos Martínez…El periodista juega un papel superlativo en la sociedad, dónde se le exige un comportamiento etico y ejemplar, por encima de cualquier actor social…