En política no solo compiten candidatos, programas y encuestas. También compiten percepciones.
Una campaña puede tener argumentos, estructura y capacidad real para gobernar, pero si no proyecta fuerza, crecimiento y posibilidad de victoria, empieza a perder algo más peligroso que votos: pierde sensación de destino.
La gente suele acercarse a quien percibe como ganador. Pasa en los negocios, en el deporte, en los medios y, por supuesto, en las campañas. Nadie quiere quedarse por fuera del tren que parece avanzar. Muchos no se suman por convicción profunda, sino porque sienten que ahí está la fuerza, el movimiento y la posibilidad real de triunfo.
Por eso, en campaña, la percepción puede terminar convirtiéndose en realidad.
Ese es uno de los grandes riesgos del momento político. Mientras Paloma parece tener mayor capacidad de competir en una eventual segunda vuelta, Abelardo intenta instalar otra narrativa: la del candidato que sube, rompe el tablero, capitaliza el inconformismo y puede desplazarla en primera vuelta.
Esa estrategia no parece accidental. Busca generar momentum. Busca que sectores de derecha, votantes inconformes y ciudadanos cansados empiecen a sentir que Abelardo es el vehículo que avanza. Y cuando esa percepción prende, muchos terminan sumándose por reflejo, no necesariamente por análisis.
Pero una cosa es pasar a segunda vuelta y otra muy distinta es tener capacidad de ganar después.
Una candidatura de choque puede crecer rápido, pero también puede encontrar límites para sumar centro, independientes, empresarios moderados, regiones y sectores que no quieren ni continuidad ni salto al vacío. Si esa frontera de crecimiento no se calcula bien, el resultado puede terminar favoreciendo a Iván Cepeda.
Ahí aparece el riesgo de fondo: parte del centro y de la derecha, ante la sensación de desorden, división o falta de claridad, puede terminar migrando no hacia el mejor proyecto, sino hacia el que parezca más inevitable. Incluso sectores que no necesariamente son de izquierda podrían terminar normalizando a Cepeda si perciben que la oposición no logra ordenar una alternativa seria, amplia y ganadora.
Ese es el peligro de no construir narrativa de victoria a tiempo.
No basta con pedir voto útil. El voto útil no se decreta. El voto útil se construye con estrategia, mensaje, calle, coordinación, vocería, símbolos, emoción y percepción de fuerza. También se gana y se conquista.
Si Paloma quiere ser vista como la opción capaz de ganarle a Cepeda, no puede limitarse a demostrar que en una encuesta hipotética podría ganar una segunda vuelta. Tiene que proyectar desde ahora que puede llegar a esa segunda vuelta con autoridad, crecimiento y capacidad de unión.
En política, muchas veces, la gente no se sube al proyecto más correcto. Se sube al que parece tener destino.
Y cuando una campaña no construye esa percepción, otra la ocupa.
La unidad no se impone. Se atrae.
Y se atrae cuando una candidatura transmite tres cosas al mismo tiempo: dirección, fuerza y victoria.